We Are Now: La Historia de Una Zona Armada sin Policía en Atlanta

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Un Documental

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La noche del 12 de junio de 2020, agentes de la policía de Atlanta asesinaron a Rayshard Brooks, un hombre negro de 27 años, en un Wendy’s en el sur de Atlanta, Georgia. Este hecho ocurrió inmediatamente después del punto álgido de las revueltas que tuvieron lugar por todo el país, en las que la gente respondió a los asesinatos de George Floyd en Minneapolis, Breonna Taylor en Louisville, y de innumerables personas negras en todo Estados Unidos. Como respuesta al asesinato de Rayshard Brooks, estalló una nueva ola de protestas y revueltas en Atlanta, en la que el Wendy’s ardió hasta sus cimientos. Manifestantes negrxs armadxs okuparon el espacio de Wendy’s, en señal de duelo por Rayshard Brooks y buscando crear espacios de empoderamiento negro.

Antes del aniversario del levantamiento por George Floyd, presentamos We Are Now, una película que da voz a lxs participantes en la okupación del Wendy’s. Esperamos que esto ayude a transmitir los recuerdos de algunas de las valientes formas de resistencia que tuvieron lugar en 2020 frente a la supremacía blanca y a la policía, junto con las lecciones que la gente obtuvo de sus experiencias. Ninguna de las luchas representadas en este documental ha concluido. Aprendamos del pasado y preparémonos para el siguiente capítulo.


Advertencia de contenido: esta película muestra la letal violencia policial y la resistencia frente a ella.

We Are Now: La Historia de Una Zona Armada sin Policía en Atlanta

Lecturas Adicionales y Acciones

Para mostrar solidaridad con quienes todavía luchan en Atlanta hoy, puedes apoyar los siguientes proyectos:


El Making of

No sabíamos que la okupación del Wendy’s todavía estaba activa. Se encontraba a unos cientos de millas de distancia y parecía que cada tramo de la carretera, que antes habíamos ignorado, conducía de repente a algo extraño y prometedor—un misterio, no sobre si el sufrimiento de la gente se pondría de manifiesto, sino sobre cómo lo haría. El mapa era más grande ahora. Todos los pueblos querían ser representados y nos llegaban toneladas de noticias. En todos los dispositivos. A todas horas. De todo tipo de personas que uno cree recordar de aquel grupo que tocó en aquella fiesta… Un torbellino de recuerdos y dudas sobre la veracidad de cualquier información. La objetividad defenestrada.

Sin embargo, algunas cosas eran reales. Rayshard Brooks era padre de cuatro hijxs, asesinado a tiros en Atlanta por dos agentes de policía—por todxs lxs agentes de policía—el 12 de junio. Lo grabó una cámara y la voz se corrió rápidamente. El 13 de junio, lxs manifestantes—tristes, enojadxs y enloquecidxs—quemaron el Wendy’s. El 14 de junio, la gente comenzó a okupar el Wendy’s y lo declaró “zona libre de policía”.

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No sabíamos nada de esto. Habíamos ido a Atlanta para asistir a una rave y pensábamos que lo de Wendy’s habría terminado o habría sido fuertemente reprimido. No sabíamos una mierda. Habíamos oído hablar de una plaza de protestas en DC, del CHOP en Seattle, de una ciudad de tiendas de campaña en Filadelfia, de un monumento confederado transformado en un centro social revolucionario al aire libre en Richmond, pero no sabíamos si alguno de ellos estaría activo en un día determinado.

Para estar seguros, había que ir.
Y teníamos que saberlo.

En Atlanta unas horas antes de la fiesta.
¿Deberíamos ir a comprobarlo?
Eso es. Todavía está sucediendo.
Los letreros se ven raros con las luces apagadas.
¿Podemos acercarnos?
Otras personas van a entrar.
Está bien, intentémoslo, pero si nos dicen que nos vayamos a la mierda …

“Bienvenido al Wendy’s de no-Georgia. Alguna identificación por favor. Espera un segundo”. No como un policía… más bien como aquella vez que fui a un Caracol en Chiapas y tuve que entregar mi pasaporte para entrar. Pistolas también. Lo que daría por un mundo sin armas ni identificaciones. Aquí ya no hay policías, y puedes sentir que no vendrán pronto. Se le ve tan cansado. Ha pasado más de un segundo…más de un minuto. Al final, “Ok, simplemente no aparquéis allí”. Señala el rincón lleno de flores donde mataron a Rayshard Brooks.

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Nos reunimos en la parte trasera con el equipo multirracial, pero en su mayoría blanco, de múltiples tendencias—pero en su mayoría anarquistas—mientras que el equipo de seguridad multirracial, pero en su mayoría negro, controla la entrada en coches de múltiples calidades, pero en su mayoría geniales, con buenos altavoces y bajos. Un hombre se acerca. “Solo quiero daros las gracias por todo lo que estáis haciendo”. Oh, mierda, eso es mucha hierba. Y de la buena. Se intercambian de reojo miradas straight-edge, y también hay gente nerviosa por el COVID-19, pero veo el amor en los ojos de ese hombre y me fumaré su hierba. Una cosa es que se te permita la entrada—otra ser bienvenido.

Necesitamos una guía. Encontramos una guía. La vieja amiga guía. Esta vieja sensación. Nadie tiene el control. Los coches llegan a toda velocidad y sus neumáticos nos cantan con chirridos histéricos. Se han ido. Nosotros también nos hemos ido. Nos perdemos por la ciudad. “No te quedes ahí, ahí es donde disparan a la gente”. Unas semanas más tarde, alguien recibe un disparo allí. Encontramos la rave. Bajos. Está sucediendo. Estoy enamorado de todxs. O libre. Mantengo la fe. Con todxs. O las dos cosas, porque es lo mismo. Lo mismo y ambos.

¿Lo mismo?
Si.
¿Más?
¡SÍ! ¡MÁS!

“Tío, solo hemos salido en estados de emergencia oficiales. Este es como el número cuatro”.

“¡MÁS!”

“¡Estás fuera!”

“¿¡Estás de vuelta!?”

Está amaneciendo. Todxs están abrazadxs unxs a otrxs. Cuando llegamos a nuestro coche hay un gatito. Es hora de abrazar la oscuridad.


Estrenamos esta película en memoria de todxs lxs que han perdido la vida por la violencia de estado, en los Estados Unidos, pero también en todo el mundo, desde Colombia hasta Myanmar y Palestina, con la esperanza de que juntxs, algún día, podamos lograr el fin de todas las instituciones que tratan a los seres humanos como algo desechable.


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