De Chile a Minneapolis: una carta abierta

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Solidaridad global con la rebelión contra la policía y el racismo

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Estados unidos despertó

América Latina mira al eeuu como el poder imperial. Nuestros dictadores fueron instalados por el apoyo del del gobiernos eeuu. Las compañías estadounidenses monopolizan nuestra economía y especulan para aumentar los costos de la vida y disminuir nuestros salarios. Mientras tanto, Wall Street financia las industrias extractivistas que están envenenando nuestras aguas, tierras y cuerpos. La mayoría de nosotros solo conoce la vida en EEUU por su riqueza y los rascacielos que se muestran en la tele. El 18 de octubre, Chile despertó cuando el metro de Santiago fue interrumpido, 1 de cada 6 Wallmart fue saqueado, y las protestas estallaron contra la clase política, de la derecha y la izquierda, que son simplemente los intermediarios entre el país y la economía global.

Ya cambió la imagen del eeuu en el extranjero. Ahora su imagen está caracterizada por la revuelta en memoria de George Floyd y Todxs quienes fueron asesinadxs por la policía. Las noticias chilenas no tienen más remedio que mostrar el verdadero carácter de la vida cotidiana estadounidense, su precariedad, su desigualdad racial y su ira popular. Las páginas chilenas de memes que fomentaron la revuelta de octubre, ahora dirigen sus ojos a la energía y pasión que se vive en las calles de las metrópolis estadounidenses. La vista desde el sur, en palabras del vendedor de frutas al lado de nuestra casa, es que “estados unidos despertó”.

Somos un grupo de amigxs que participan en la primera línea, donde se enfrenta a los pacos para resguardar las marchas en Santiago. Muchos son de familiares de desaparecidxs o torturadxs por la dictadura. Otrxs crecieron en las poblaciones, que tiene una vida cotidiana criminalizada y marginadxs por todos los partidos políticos. Otrxs eran pacifistas, pero ha surgido la necesidad y se ha encontrado el coraje de tirar piedras a la yuta. Escribimos a uds sobre nuestra experiencia y de lo que sucederá cuando la revuelta se prolongue durante meses. Cuando los gobiernos declaran el estado de emergencia y convocan a los militares y ciudadanos a forzar un retorno a la normalidad que pocos quieren. Intentan retratar un mundo de divisiones claras: entre manifestantes pacíficos y delincuentes criminales, normalidad y crisis, derechos humanos y seguridad nacional, policías buenos y manzanas podridas. Nos gustaría ofrecer reflexiones de los últimos meses en Chile para sugerir que estas divisiones nunca son tan claras como las exponen, y la lucha por la dignidad se basa en destituirlas completamente.

Un muro que conmemora a los manifestantes asesinados por el estado chileno en el curso de las protestas de 2019.

La primera noche de disturbios en toda la ciudad fue seguida por una semana de protestas pacíficas que habitaron las mismas calles con barricadas en llamas, tiendas saqueadas y grupos de jóvenes enmascaradxs arrojando piedras a la yuta. En respuesta a los disturbios difusos, el gobierno declaró el estado de emergencia y llamó a los militares a patrullar las calles. Los militares implementaron rápidamente el toque de queda y suspendieron el derecho de reunión durante 90 días.

Los militares fueron llamados a las calles a lo largo de todo el país por primera vez desde la dictadura, aunque para el terremoto del 27 de febrero de 2010 ya se había militarizado Dichato y otras zonas como Concepción. En respuesta, se realizaron las mayores protestas en la historia de Chile en “democracia”. Es irónico que sus mayores protestas se hayan llevado a cabo en un contexto en el que eran consideradas ilegales. Si bien las organizaciones hicieron convocatorias para protestas, estas protestas estallaron de forma independiente, la gente en multitud abandonó sus hogares para unirse. Al principio, se organizaron protestas pacíficas en todas partes donde las personas se reunían y golpeaban ollas y sartenes y cantaban en la calle. Sin embargo, estas protestas serían inevitablemente dispersadas por la policía con carros lanza agua y gases lacrimógenos. Las redes sociales se convirtieron en un sitio para compartir videos de brutalidad policial y violaciones de los derechos humanos: golpear a personas en las calles y relatos de tortura y violación por parte de policías y de soldados. Grupos de derechos humanos realizaron manifestaciones diarias por violaciones de derechos humanos, y la onu envió un comité para investigar a la brutalidad policíal y denuncias de tortura.

Al final, las denuncias oficiales y las investigaciones de derechos humanos se prolongaron durante años. La única respuesta significativa a tales violaciones de derechos humanos fue mantener el conflicto con la policía. Las únicas protestas que durarían más de 30 minutos implicaron barricadas y multitudes dispuestas a evitar que la policía aplastara a la multitud. Y garantizando el derecho de todxs a la libertad de reunión y libertad de expresión. Estación baquedano, la estación abajo de la plaza de la dignidad era donde la policía organizó el control de multitudes y torturó a los manifestantes. Ya no funciona su comisaría ya que los manifestantes cerraron la entrada con piedras y escombros. Estas partes de la protesta se denominaron “la primera línea” de jóvenes que arrojan piedras y portaban escudos, seguido de la segunda línea de láseres, una tercera línea de los manifestantes rociarán botellas y jarras de agua para tratar y neutralizar el gas lacrimógeno, y la cuarta línea de médicos de la calle que se llevarían a los manifestantes heridos y proporcionarían primeros auxilios.

Estos equipos de roles permitían que surgiera una gran variedad de cultura de protesta a lo largo de los meses: baila pikachus, actuaciones callejeras, nuevos cantos y bandas de música, reuniéndose todos los viernes en la plaza de la dignidad. Aquellos que nunca imaginarían enfrentarse a la policía podían unirse a la primera línea, intentar golpear a un policía con una piedra o jugar a ser bombero apagando gases lacrimógenos. Hace años era inimaginable que lxs encapuchadxs, una vez considerados como policías encubiertos o jóvenes delincuentes imprudentes, serían los héroes de un movimiento social. Sin embargo, después del 18 de octubre, innumerables organizaciones convocaron eventos para recaudar fondos para costos médicos y legales de personas de la primera línea. Más allá, un grupo de la primera línea fue invitado a presentar sobre la brutalidad policial en una conferencia latinoamericana de derechos humanos. Aquellos que fueron a la plaza a vender empanadas, agua o cerveza daban con frecuencia comida gratuita a las personas partícipes de la primera línea.

“No somos tu enemigo, somos el pueblo”

Al principio, estábamos asustadxs y preocupadxs por el saqueo y los incendios provocados, cuando las estaciones de metro y los edificios de oficinas se incendiaron. Proliferaron los rumores de que era la policía, que intentaba hacer que lxs manifestantes se vieran ilegítimxs, y justificar que los milicos tomaran el control del país y que las pandillas aprovechando las protestas para robar cajeros automáticos, farmacias y supermercados. Aunque han pasado meses, todavía no sabemos quién realizó cada acción. Pero no terminaron las protestas tras el miedo de un golpe militar o aumento delictivo organizado. Ni terminó por la respuesta militar de mano dura a esta destrucción de propiedad. Tras la crisis, llamar a los milicos a las calles y pedir a los ciudadanos que se queden en las casas no tuvo sus efectos intencionados. La represión militar de las protestas pacíficas solo condujo a un mayor nivel de autodefensa, ya que los manifestantes levantaron barricadas para bloquear los vehículos militares y usaron piedras y ladrillos para mantenerlos a distancia. Más tiendas comenzaron a ser saqueadas, no para bienes comerciales sino para material para construir las barricadas. Tras este, cualquiera que asistiera a una protesta con buenas intenciones no podrían llamar las formas más común de la destrucción de propiedad como una delincuencia desenfrenada.

En este momento incierto y aterrador, gente por todos lados esperaban que los disturbios llegaran a una rápida conclusión: que el presidente renunciara, que se formara una asamblea constitucional y entre todos creáramos una nueva “normalidad” para vivir con dignidad. Sin embargo, no existe una normalidad estable en estos tiempos: ya que la pandemia condicionó que el referéndum constitucional quedara pendiente y el mismo gobierno ilegítimo mantiene el poder en nombre de la gestión de la crisis económica y de salud actual.

Es demasiado pronto para que alguien sepa a dónde conducirán las revueltas actuales en los Estados Unidos. Pero creemos que la única forma de conseguir una solución rápida es resignarse a vivir con miedo fingiendo que todo está bien, que la vida sigue funcionando para todos. La crisis todavía existe entre momentos de emergencia y normalidad, pero solo en tiempos de emergencia las personas ya no tienen miedo de representar su indignación compartida y descubrir cómo realmente quieren vivir.

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